SIMILITUDES Y DIFERENCIAS ENTRE LOS HUMANOS Y LOS HOMÍNIDOS
El inicio de la historia (o más bien de la prehistoria) de la humanidad inicia con la aparición de los primates la cual data en un aproximado de 65 millones de años. Las especies que pertenecen a los primates cuentan al ser humano, las musarañas los monos y los simios. Los rasgos característicos de estas especies fueron desarrollados en su evolución entre las que destacan las siguientes:
-Buena visión.
-Manos con capacidad de sujetar pues desarrollaron un dedo pulgar con la capacidad de disponerse en una dirección encontrada con el resto de los dedos.
-Desarrollo de una mayor capacidad cúbica del cerebro, que en
relación con el resto de su cuerpo resultaba relativamente grande.
Evidentemente los monos y los simios tienen una gran similitud con el ser humano. Según la ciencia, “… el último ancestro común entre el ser humano y el chimpancé, nuestro primo más cercano, existió hace 6 o 7 millones de años. Después de esta separación apareció el primer homínido, el llamado Australopithecus, que posteriormente dio lugar al Homo habilis, el primer espécimen del género Homo al que pertenecemos los seres humanos modernos.” (redescolar. La evolución del ser humano).
El proceso evolutivo que dio lugar a los primeros homínidos tuvo lugar en África. En el este y en el sur de ese continente. El cañón de Olduvai es el lugar donde se han encontrado los fósiles más antiguos, cuyo estudio ha aportado muchos datos acerca del curso evolutivo de los seres humanos.
Si bien no se tiene exacto conocimiento acerca de los límites que marcan inicio y fin de la aparición de los distintos homínidos, hay cálculos que los ubican entre hace 4.5 millones de años y 2 millones de años. Ello indica que debieron coexistir diferentes tipos propios del final de una especie y el inicio de otra. Entre las características que la ciencia distingue en relación con los homínidos se tienen las siguientes:
-Pueden mantenerse erguidos y caminar en dos pies.
-Tienen un cerebro relativamente grande en relación con los
monos.
-su mano tiene un dedo pulgar que les permite manipular objetos.
El Australopithecus es el homínido más antiguo que se conoce, se estima su antigüedad en cuatro millones de años. Lo importante del estudio de este homínido es que se logra determinar el origen del hombre en África.
El estudio de sus restos ha demostrado que medían más de un metro de estatura. La conformación de sus caderas, piernas y pies eran más semejantes a la de los seres humanos que a la de los simios. La forma de su cerebro era parecida a la de los simios y su contextura era muy parecida a la de los gorilas: Mandíbula grande y mentón hundido. Además de caminar erguidos podían correr. Probablemente eran carnívoros ya que se han encontrado gran cantidad de huesos con evidencia de haber sido quebrados para extraer su tuétano, en los lugares donde se supone tenían su habitat.
En términos generales hoy la ciencia acepta que hay dos grandes géneros o grupos de homínidos en los últimos cuatro millones de años. Uno de los cuales es el género Homo (aparecido hace 2.5 millones de años) el cual comprende: al Homo Habilis, al Homo Erectus y al Homo Sapiens. Sobre este género homo se desconoce aún acerca del momento en la prehistoria en que se separó como tal del Australopithecus.
El género Homo
Arbol genealógico que representa la posible evolución del hombre. Hace algún tiempo, el diagrama hubiera sido una línea recta, pero en la actualidad los especialistas piensan que la situación fue más compleja.
(redescolar. La evolución del ser humano).
La primera manifestación del género Homo se conoce como el Homo Habilis, con una “capacidad craneana de de 680 cm3 y su altura alcanzaba el metro y 55 cms. Era robusto, ágil, caminaba erguido y tenía desarrollada la capacidad prensil de sus manos. Sabía usar el fuego, pero no producirlo, y se protegía en cuevas. Vivía de recolectar semillas, raíces, frutos y ocasionalmente comía carne.” (redescolar. La evolución del ser humano).
“La especie que se desarrolló posteriormente a esta se denomina Homo erectus, hace 1.5 millones de años. La diferencia fundamental del Homo erectus y los homínidos que lo antecedieron radica en el tamaño, sobre todo del cerebro. Su cuerpo es la culminación de la evolución biológica de los homínidos: era más alto, más delgado, capaz de moverse rápidamente en dos pies, tenía el pulgar más separado de la mano y su capacidad craneana llegó a ser de 1250 cm3. También fabricó herramientas, como el hacha de mano de piedra, y aprendió a conservar el fuego, aunque no podía generarlo. Los científicos creen que esta especie se propagó hacia el Norte, por Europa (hasta Francia) y Asia, durante 4 000 años. Esta especie duró diez veces más tiempo de la que lleva sobre la tierra el ser humano moderno.
Homo habilis y Homo erectus
Entre los Homo erectus que se han encontrado restos están el "Hombre de Java" (700 mil años) y el "Hombre de Pekín" (400 mil años).” (redescolar. La evolución del ser humano).
"Una o más subespecies del Homo erectus evolucionaron hasta llegar al Homo sapiens, un nuevo tipo físico. Los restos más antiguos del Homo sapiens tienen una edad entre 250 mil y 50 mil años. En sentido estricto se le denomina Homo sapiens neanderthalis: el hombre de Neanderthal. Recibe este nombre por el lugar dónde se encontró el primer cráneo que demostraba la existencia de su especie, en el valle de Neander, en Ale mania. Los hombres de Neanderthal tenían el cerebro de mayor tamaño y el cráneo distinto que del Homo erectus. Su mentón estaba hundido y su constitución era muy gruesa. Esta especie se encontró desde Europa occidental y Marruecos hasta China, pasando por Irak e Irán. Los neanderthales estaban más capacitados y eran mentalmente más avanzados que ningún otro ser que hubiera habitado en la Tierra anteriormente. Esta especie humana vivió la última glaciación y se adaptó a ella construyendo hogares excavados en el suelo o en cavernas y manteniendo hogueras encendidas dentro de ellos. Los neanderthales que vivían en las zonas del norte de Europa fueron cazadores y se especializaron en atrapar a los grandes mamíferos árticos: el mamut y el rinoceronte lanudo, cuyos restos llevaban arrastrando hasta la entrada de sus cuevas, en donde los cortaban en pedazos, se cubrían con pieles y disponían de mejores útiles de piedra que sus antepasados. Además realizaban una actividad novedosa: enterraban a sus muertos con gran esmero (p.e. en Asia se encontró un niño de Neanderthal enterrado entre un círculo de cuernos de animales). Los muertos no sólo eran enterrados cuidadosamente, sino que también el muerto era provisto de utensilios y comida. Es posible que los enterramientos y los vestigios de rituales en los que aparecen animales señalen los inicios de la religión. Tal vez creían ya en una especie de continuación de la vida después de la muerte. El hombre de Neaderthal desapareció bruscamente, su lugar fue ocupado por los hombres modernos, hace unos 35 mil años.
Después del Neanderthal vino el Homo sapiens sapiens, que es la especie a la cual pertenecemos los seres humanos modernos. Se han encontrado restos de los primeros miembros de esta rama en el Cercano Oriente y los Balcanes, fechados entre el 50 mil y el 40 mil antes de Nuestra Era. Quizá avanzaron hacia el norte y occidente a medida que retrocedía el hielo. Estos seres humanos también cruzaron el estrecho de Bering, penetrando así en el continente americano y llegaron a Australia hace unos 25 mil años. Los Homo sapiens sapiens se extendieron por la Tierra más que ninguno de los primates anteriores. Un grupo prehistórico de esta especie fueron los hombres de Cro-Magnon (32 mil años), llamados así por la cueva cercana a la aldea de Les Eyzies, Francia, donde fueron hallados sus restos óseos. Los cro-magnones vivieron la última glaciación y aunque su cerebro no era mayor que el del hombre de Neanderthal, le dieron nuevos usos pues, entre otras cosas, hicieron y mejoraron muchos instrumentos y armas. Los cro-magnones son también los artistas más antiguos. El hombre actual no difiere básicamente ni en capacidad cerebral, ni en postura, ni en otros rasgos físicos, del modelo que la evolución había logrado en el hombre de Cro-Magnon.
Para los biólogos, todos los seres humanos formamos parte de la misma especie (Homo sapiens sapiens) aunque hay distintas razas. Las líneas generales de distribución racial se iniciaron en la Prehistoria. Desde el punto de vista físico se pueden reconocer por lo menos cuatro categorías raciales fundamentales: negroide, caucasoide, mongoloide, australoide. Lo que dio al hombre moderno su control sobre la Tierra no fue su físico, sino su capacidad de aprovechar y transmitir a sus descendientes la información cultural por medio de su inteligencia.” (redescolar. La evolución del ser humano).
Este breve recorrido por la línea evolutiva de la aparición del hombre lleva a entender por qué los grandes simios (orangutanes, gorilas y chimpancés) tienen un comportamiento tan similar al de los seres humanos.
Su complejo comportamiento: “las expresiones faciales y las complejas vocalizaciones juegan un importante rol en su comportamiento.” social, la conformación de la cara, sus formas de apareamiento y reproducción: “Generalmente los homínidos dan luz a una sola cría, tras una larga gestación si se compara con los otros primates y mamíferos. El periodo de gestación en el orangután es de 260-270 días, en el gorila es de 250-270 días, en las dos especies de chimpancés es de 230-240 días, y en los humanos es de 266 días. El cuidado parental también es extenso en los homínidos, y sus crías dedican parte de su tiempo al juego.”
Algunos autores dividen la familia de los homínidos en tres subfamilias: Ponginos (orangutanes), Gorilinos (Gorilas), y Homininos (chimpancés y humanos). En la siguiente ilustración podrá ver el cráneo de un integrante de cada subfamilia.
A su vez el grupo de los Homínidos se divide en dos grupos: Paninis y Homininis. El grupo de los Paninis incluye las dos especies de chimpancés, el segundo grupo abarca a los humanos modernos y extintos (género Homo) y a otros los homininos bípedos ya extintos (géneros Australopithecus y Paranthropus)
Las relaciones de parentesco (o relaciones “filogenéticas”) de todos los miembros de la superfamilia Hominoidea se muestran en la siguiente ilustración:
En el anterior gráfico se muestra el tiempo aproximado en que divergieron los diferentes grupos de Hominoideos. Note que la separación de los linajes que llevaron a los seres humanos por un lado, y a las dos especies de chimpancés por otro, se dio aproximadamente hace cinco millones de años.
El anterior gráfico se ha construido con la información obtenida por la comparación del material genético de los primates involucrados, por lo que es un hecho comprobado que los chimpancés son los seres vivos más emparentados con nosotros.
Las dos especies de chimpancés son: El chimpancé común (Pan troglodytes), que habita al norte del río Zaire & el chimpancé pigmeo o bonobo (Pan paniscus) que habita al sur del mismo río. A pesar del nombre de “chimpancé pigmeo”, ésta especie no es más pequeña que su pariente del norte del río Zaire. Los chimpancés son primates muy inteligentes, tanto así que fabrican herramientas. En la siguiente ilustración puede observarse a un chimpancé común usando dos rocas para romper nueces. (Rodríguez, F., Sin Dioses: Ciencias de los Orígenes).
Todo lo anterior muestra que el ser humano no es el dueño absoluto de las potencialidades con que cuenta el planeta para la supervivencia de todos los seres vivos que lo poblamos. Que es, al igual que todos sus pobladores un producto de las inagotables posibilidades y formas que la vida ha ensayado y que si ha tenido el privilegio de alcanzar un “elevado status evolutivo”, tiene por ello la responsabilidad de orientar su acción dentro del marco de esas potencialidades. Entendiendo lo anterior probablemente podrá “dar cuenta” de cuan acertada fue su gestación y aparición sobre la faz del planeta.
BIBLIOGRAFIA:
La evolución del ser humano.
http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/act_permanentes/historia/histdeltiempo/mundo/prehis/t_evolu.htm
RODRIGUEZ, Ferney Yesyd. Los humanos en el gurpo de los primates.
http://www.sindioses.org/cienciaorigenes/primates/primates3.html
MARMELADA, Carlo A. Los orígenes remotos del género humano. Hominoideos del
Mioceno. carlosalbertomarmelada@yahoo.es
miércoles, 20 de octubre de 2010
LA CRISIS ES DE CONCIENCIA
LA CRISIS ES DE CONCIENCIA
Uno de los aspectos característicos del comportamiento de individuos y sociedades hoy es el alto grado de información que poseen y que les permite eficacia, tanto en la producción como en la comunicación. No obstante debe observarse que ese alto grado de información no necesariamente implica un nivel igual de “formación”, pues que se puede esta muy bien informado pero a la vez muy mal formado.
El nivel cada vez más desarrollado y acelerado de los enlaces comunicacionales podría hacer suponer que esa mayor información debería estar remitiendo a un nivel mayor de sensibilización acerca de los problemas que ya no solo como individuos, ni siquiera solo como sociedades nacionales, sino como especie estamos afrontando, pero es la época en que paradójicamente menos conciencia (como productora de acción orientada a la búsqueda de soluciones) acerca de los problemas que como especie hemos propiciado y que han venido a trastocar el comportamiento de las leyes naturales que rigen el equilibrio del planeta.
Inmersos en una “lógica” materialista hemos sido copartícipes, por asimilación de un discurso orientado a la acumulación y concentración de riqueza, de una exacerbación de los niveles de producción y con ello, de una sobreexplotación de las capacidades del planeta hasta el límite de rebasar con creces las necesidades reales de todo cuanto la humanidad necesita para su reproducción material, pero a la vez y como contrapartida de esos niveles de acumulación y concentración de riqueza, hemos propiciado niveles de pobreza hasta el grado del hambre, desnutrición y muerte de cientos de miles de personas en el mundo, sin que ello llegue a inquietar “conciencias acomodadizas” que entienden que el móvil de la producción y del desarrollo de las potencias productivas de que el hombre puede ser capaz, no es calmar el hambre, ni satisfacer las necesidades humanas, sino que todo se trata de concentrar riqueza y por tanto de poner solo en las manos de quien pueda pagar los precios de las mercancías en las cuales se manifiesta dicha riqueza y de “excluir a través del mercado” a aquellos que no puedan pagar por ellas.
Toda esta trama se orienta a “consolidar el poderío económico” que a su vez permite reproducir los niveles de dominación política y con ello, de transferencia de riqueza, mediante el despojo de materias prima (recursos naturales extraídos de naciones pobres por los cuales, en el mejor de los casos, apenas si pagan), de naciones cuyas deudas, con ese objetivo planeadas por los países ricos, llegan a convertirse en la justificante para éstos, de imponer condiciones de todo tipo, al punto de anular las expectativas de autodeterminarse de muchas naciones del orbe.
Si notamos que desde que el patrón de convertibilidad antes establecido (esto es el patrón oro) fue eliminado, la equivalencia, tanto en el intercambio mercantil como en las transacciones de índole financiera, no tienen un “sustrato real de intercambio de equivalentes”, pues ya no existe el compromiso de parte de la nación emisora de la moneda de curso internacional, de honrar la demanda, como en el pasado, con un sustrato real de valor (vbgrc: oro –y dicho sea de paso, afectando el precio internacional del mismo por ese mecanismo-), las naciones del mundo se han convertido en tributarias, por la vía de transferencia de riqueza, lo cual deviene de honrar unidades monetarias recién emitidas sin respaldo en la producción, como si lo estuvieran, que se “licuan” con la gran masa ya circulante en el mundo, y que éste usa como equivalente general, no teniendo realmente ya ese carácter en la medida que se eliminó aquella convertibilidad en oro, deberemos notar entonces también, que en el momento actual no hay nada más efímero, ni más evanescente, que la estructura económico-financiera que alrededor de las transacciones crediticias se ha establecido, en el que economías nacionales (sobre todo de naciones pobres) transfieren riqueza real: bienes y servicios (producidos por cierto en condiciones menos ventajosas) por “riqueza nominal”: flujos de circulante emanados de aquella “estrategia” antes dicha, y que se confrontan en el mercado como si ambos tuvieran ese sustrato real de valor que poseen todas las mercancías: el ser producto del trabajo, cuando en realidad solo una parte de dicha transacción cumplió con esa prestación, esto es, la que se expresa en la masa real del acervo mercantil y que desde que ocurrió la eliminación de dicho patrón oro ya no encontró más en “su contraparte monetaria” ese sustrato real de valor.
Tal es la estrategia y tal la forma como dicho artilugio financiero, y sobre todo desde la desaparición de aquella convertibilidad, ha venido funcionando. A la par de este mecanismo, todos los aspectos que antes funcionaban como expectativa de rentabilidad financiera, cuando el oro en su forma de tesoro (en las bóvedas de los bancos) eran la garantía de un sustrato real de valor y que sustentaba toda transacción mercantil y sobretodo, también financiera, quedaron sin ese soporte, por lo que hoy se puede decir que si la emisión monetaria no guarda esa correlación con una reserva realmente existente de valor, que garantiza su convertibilidad en un valor real (materia aurífera), pero si además, ahora se emite dinero sin respaldo en la producción mercantil, la convención que rige las transacciones mercantiles (de dar mercancía –valor real-, por dinero –valor convencional-) ha dejado de ser una convención racional, para convertirse en una convención que sustenta un “negocio brillante” para unos pocos, montado en una trama que se funda en una crisis de conciencia.
Uno de los aspectos característicos del comportamiento de individuos y sociedades hoy es el alto grado de información que poseen y que les permite eficacia, tanto en la producción como en la comunicación. No obstante debe observarse que ese alto grado de información no necesariamente implica un nivel igual de “formación”, pues que se puede esta muy bien informado pero a la vez muy mal formado.
El nivel cada vez más desarrollado y acelerado de los enlaces comunicacionales podría hacer suponer que esa mayor información debería estar remitiendo a un nivel mayor de sensibilización acerca de los problemas que ya no solo como individuos, ni siquiera solo como sociedades nacionales, sino como especie estamos afrontando, pero es la época en que paradójicamente menos conciencia (como productora de acción orientada a la búsqueda de soluciones) acerca de los problemas que como especie hemos propiciado y que han venido a trastocar el comportamiento de las leyes naturales que rigen el equilibrio del planeta.
Inmersos en una “lógica” materialista hemos sido copartícipes, por asimilación de un discurso orientado a la acumulación y concentración de riqueza, de una exacerbación de los niveles de producción y con ello, de una sobreexplotación de las capacidades del planeta hasta el límite de rebasar con creces las necesidades reales de todo cuanto la humanidad necesita para su reproducción material, pero a la vez y como contrapartida de esos niveles de acumulación y concentración de riqueza, hemos propiciado niveles de pobreza hasta el grado del hambre, desnutrición y muerte de cientos de miles de personas en el mundo, sin que ello llegue a inquietar “conciencias acomodadizas” que entienden que el móvil de la producción y del desarrollo de las potencias productivas de que el hombre puede ser capaz, no es calmar el hambre, ni satisfacer las necesidades humanas, sino que todo se trata de concentrar riqueza y por tanto de poner solo en las manos de quien pueda pagar los precios de las mercancías en las cuales se manifiesta dicha riqueza y de “excluir a través del mercado” a aquellos que no puedan pagar por ellas.
Toda esta trama se orienta a “consolidar el poderío económico” que a su vez permite reproducir los niveles de dominación política y con ello, de transferencia de riqueza, mediante el despojo de materias prima (recursos naturales extraídos de naciones pobres por los cuales, en el mejor de los casos, apenas si pagan), de naciones cuyas deudas, con ese objetivo planeadas por los países ricos, llegan a convertirse en la justificante para éstos, de imponer condiciones de todo tipo, al punto de anular las expectativas de autodeterminarse de muchas naciones del orbe.
Si notamos que desde que el patrón de convertibilidad antes establecido (esto es el patrón oro) fue eliminado, la equivalencia, tanto en el intercambio mercantil como en las transacciones de índole financiera, no tienen un “sustrato real de intercambio de equivalentes”, pues ya no existe el compromiso de parte de la nación emisora de la moneda de curso internacional, de honrar la demanda, como en el pasado, con un sustrato real de valor (vbgrc: oro –y dicho sea de paso, afectando el precio internacional del mismo por ese mecanismo-), las naciones del mundo se han convertido en tributarias, por la vía de transferencia de riqueza, lo cual deviene de honrar unidades monetarias recién emitidas sin respaldo en la producción, como si lo estuvieran, que se “licuan” con la gran masa ya circulante en el mundo, y que éste usa como equivalente general, no teniendo realmente ya ese carácter en la medida que se eliminó aquella convertibilidad en oro, deberemos notar entonces también, que en el momento actual no hay nada más efímero, ni más evanescente, que la estructura económico-financiera que alrededor de las transacciones crediticias se ha establecido, en el que economías nacionales (sobre todo de naciones pobres) transfieren riqueza real: bienes y servicios (producidos por cierto en condiciones menos ventajosas) por “riqueza nominal”: flujos de circulante emanados de aquella “estrategia” antes dicha, y que se confrontan en el mercado como si ambos tuvieran ese sustrato real de valor que poseen todas las mercancías: el ser producto del trabajo, cuando en realidad solo una parte de dicha transacción cumplió con esa prestación, esto es, la que se expresa en la masa real del acervo mercantil y que desde que ocurrió la eliminación de dicho patrón oro ya no encontró más en “su contraparte monetaria” ese sustrato real de valor.
Tal es la estrategia y tal la forma como dicho artilugio financiero, y sobre todo desde la desaparición de aquella convertibilidad, ha venido funcionando. A la par de este mecanismo, todos los aspectos que antes funcionaban como expectativa de rentabilidad financiera, cuando el oro en su forma de tesoro (en las bóvedas de los bancos) eran la garantía de un sustrato real de valor y que sustentaba toda transacción mercantil y sobretodo, también financiera, quedaron sin ese soporte, por lo que hoy se puede decir que si la emisión monetaria no guarda esa correlación con una reserva realmente existente de valor, que garantiza su convertibilidad en un valor real (materia aurífera), pero si además, ahora se emite dinero sin respaldo en la producción mercantil, la convención que rige las transacciones mercantiles (de dar mercancía –valor real-, por dinero –valor convencional-) ha dejado de ser una convención racional, para convertirse en una convención que sustenta un “negocio brillante” para unos pocos, montado en una trama que se funda en una crisis de conciencia.
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